domingo, 28 de septiembre de 2008

LA CRISIS DEL GAS EN CHILE ANTE LOS OJOS DEL MUNDO

Mientras la integración europea se basa en la ley comunitaria, que conlleva cesión de soberanía por los países que la suscriben, Chile discute con Argentina el cumplimiento de protocolos energéticos y con Bolivia sobre un acceso soberano al mar.
Diplomáticos europeos destacados en Chile, que siguen la crisis del suministro de gas, no se han extrañado por la falta de cumplimiento de los compromisos de Argentina, derivados del protocolo gasífero de 1995. El problema lo ven en el contexto histórico de América Latina y aducen que es una constante de la región la no observancia de los acuerdos internacionales. Argentina, particularmente dicen, se ha distinguido por una conducta displicente en ese sentido y, como se ve ahora, la mantiene no sólo en sus relaciones con los organismos crediticios de los cuales es fuerte deudor.
Esta visión europea está, desde luego, determinada por la cultura integracionista desarrollada desde 1950, cuando se dieron los primeros pasos para la creación de la Comunidad del Carbón y el Acero, CECA. Ella significó la puesta en común de ambos recursos por seis países, entre los que destacaron Francia y Alemania, que fueron feroces adversarios en la segunda guerra mundial, una conflagración que había terminado apenas cinco años antes.
Desde el sábado 1 de mayo, la Unión Europea que es en lo que derivó esa incipiente CECA cuenta con 25 países miembros, incluyendo ahora a ocho ex países comunistas que se enfrentaron a Europa Occidental en la larga guerra fría.
América es mucho más joven para ser comparada con el viejo continente, pero se pueden argüir dos argumentos para considerar no tan arbitrario un paralelo entre una y otra región.
En América del Norte se consolidó tempranamente lo que muchos consideran el modelo más acabado de integración: los Estados Unidos de América, una federación de la que Europa está lejos aún.
Por su lado, los Estados Desunidos del Sur han considerado siempre que son "una gran nación deshecha", como dijera Andrés Bello, el venezolano que fue primer rector de la Universidad de Chile. En consecuencia, se ha soñado en esta parte del mundo, primero, con la patria bolivariana y, después, con una integración al estilo europeo,
Ahí están para testimoniarlo múltiples iniciativas, como la ALALC, luego transformada en ALADI, es decir, de una Asociación de Libre Comercio se convirtió en una de Integración; la SIECA, que es la unión de las economías centroamericanas; el Pacto Andino, hoy Comunidad Andina y, finalmente, el MERCOSUR.
Con estas dos últimas agrupaciones Chile ha tenido una actitud reticente: durante el régimen militar se desembarcó de la integración con Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia y, ya vuelta la democracia, no se integró al Mercosur con Argentina, Brasil, Uruguay Paraguay, quedando hasta hoy sólo como un asociado, al igual que Bolivia.
Las razones esgrimidas por Santiago son las diferencias en la liberalización del comercio exterior, que en Chile es notablemente más avanzada que en cualquiera de los otros países mencionados.
Esto explicaría, en último término, que este país haya logrado acuerdos con espacios más desarrollados, como el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos y la Asociación Política y Económica con la Unión Europea. Y subraya, a la vez, la lejanía producida con los vecinos del barrio latinoamericano.
La calidad de estrella internacional lo ha alejado de los escenarios regionales y esto explica, en parte, la desafección con que Argentina ha tomado el suministro de gas que le debe a Chile, y el acentuamiento de la hostilidad de Bolivia, que ha visto como propicia la coyuntura para darle duro al autor de su enclaustramiento.
Los europeos que han opinado reservadamente en Santiago de la crisis que les ha tocado presenciar dicen que es inútil acudir a instancias internacionales de arbitraje, para obligar a Argentina a cumplir y a Bolivia de abstenerse de colocar cláusulas hostiles en sus contratos de aprovisionamiento.
En el primer caso, un personero alemán acudió a un dicho de su país, diciendo que "es como meter la mano en el bolsillo de alguien que está desnudo". En el caso boliviano, empresarios europeos ven con fastidio que se insista en hablar de soberanía para un acceso al mar. Es un término para ellos obsoleto y corresponde a la primera mitad del siglo pasado, dicen.
La integración presupone cesión de soberanía en todos los ámbitos en que se alcance acuerdo y eso es lo que necesitan países como Chile y Bolivia, no discutir de enclaves y corredores soberanos, sino de una integración cada vez más completa y eficiente que signifique, por ejemplo, el uso de todos los puertos que sea posible, privatizados o no.
Pero como se trata de países que no se tienen confianza mutua y esto abarca a la Argentina también es criticable, para los europeos, que Chile haya apostado tanto al gas trasandino y no se haya preocupado más de diversificar sus fuentes de abastecimiento energético.

lunes, 22 de septiembre de 2008

REALIDAD SOCIAL O MALDITA COINCIDENCIA

Al momento de mirar la sociedad cada día me convenzo más de que nuestro país necesita conocer e interiorizarse de una palabra que dice mucho “Educación Cívica”. Que duda cabe, si educación cívica muchas veces se enseña como cualquier cosa rara, menos lo que involucre la integración ciudadana en materias de políticas públicas. Palabra a mi entender extra singular ya que involucra términos ultra complejos como estudio de realidad contemporánea, sociedad, política, hechos históricos, realidad social.

Aquí me detengo en esta palabra de dulce y agraz “política”, palabra madre de algunos que interpreta su filosofía de vida y odiada por otros. Si bien es cierto, no soy un politólogo, pero entiendo que esta palabrita no es solo el arte de gobernar, sino que a mi humilde entender es el arte de realizar con vocación de servicio lo que se considera correcto considerando el espectro más amplio de los criterios éticos y por cierto promoviendo la praxis del bien común.

Digo esto porque en este momento nuestro país vive una situación que escapa solo de la siembra de la democracia y de la justicia social sino que en ciertos ámbitos refleja una alicaída igualdad de oportunidades para todos, es tiempo que nuestro Chile se generen verdaderas reformas, tanto constitucionales como políticas, en donde esté implícita la integración y participación ciudadana y no la participación solo de las elites.

Ahora esta todo centrado en la reunión de la Unasur en donde se pretende dar un carácter de unidad latinoamericana inexistente, cuando lo que realmente interesa en este Chile del bicentenario es el sentir de su pueblo.

Hace un tiempo atrás se prometió un gobierno ciudadano, propuesta que a mi entender es discutible, desde el punto de vista de la aún cuestionada integración de los jóvenes, los adultos mayores, minorías, etc. Sin embargo, cabe señalar además que nuestro país no puede generar políticas publicas verdaderas, ya que aún se lleva el peso de la inercia de la dictadura que solo pretende dejar marcada a una derecha destructiva, solventada solo por prejuicios y carente de propuestas sociales.

Más que reunión constitutiva de elección de delegados de la Unasur, existe un tema muy latente en el corazón y la mente del ciudadano, como lo es el criticado Transantiago y su cuestionada inyección de recursos que genera desigualdad de crecimiento referente al resto de las regiones. El transporte público urbano como lo es éste, necesita consulta pública, creo que se debe hacer una reingeniería respecto del diseño del sistema, considerando la malla de recorridos por medio de tramos bien demarcados.

En la concurrencia de la ciudadanía está el Estado quien como ente que diferencia el margen entre representante respecto a los representados, gobernante de los gobernados adquiera la figura de un fiscalizador implacable de los cuestionados operadores del AFT. No se puede culpabilizar a figuras como Cortázar y Espejo, de los magros resultados de la implementación y puesta en marcha de este sistema de transporte publico, cuando la gente elige un gobierno lo elige para gobernar y generar bienestar y no para culpabilizarse en términos sectoriales, los gobiernos trabajan en equipo, la voz del gobierno es una sola y por tanto debe tomar conciencia que los chilenos en su pleno derecho democrático de elegir representantes lo hace por lograr el bien común, dar mejor calidad de vida y no de bienestar político en donde en esta sociedad actual corre solo por cuenta de algunos que se benefician a costas del sufrimiento del pueblo chileno. Este es un problema transversal, que implica un involucramiento de todos y no de aquellos que son pequeños genios que sueñan con la frase cliché de crecimiento con equidad.

domingo, 21 de septiembre de 2008

EL MERCADO ELECTRICO CHILENO

El mercado eléctrico en Chile está compuesto por las actividades de; generación, transmisión y distribución de suministro eléctrico. Estas actividades son desarrolladas por empresas que son controladas en su totalidad por capitales privados, mientras que el Estado sólo ejerce funciones de regulación, fiscalización y de planificación indicativa de inversiones en generación y transmisión, aunque esta última función es sólo una recomendación no forzosa para las empresas. Participan de la industria eléctrica nacional un total aproximado de 31 empresas generadoras, 5 empresas transmisoras y 36 empresas distribuidoras, que en conjunto suministran una demanda agregada nacional que en el 2002 alcanzó los 42.633,3 GWh. Esta demanda se localiza territorialmente en cuatro sistemas eléctricos (SING, SIC, Aysén y Magallanes).El principal organismo del Estado que participa en la regulación del sector eléctrico en Chile es la Comisión Nacional de Energía (CNE), quien se encarga de elaborar y coordinar los planes, políticas y normas necesarias para el buen funcionamiento y desarrollo del sector energético nacional, velar por su cumplimiento y asesorar a los organismos de Gobierno en todas aquellas materias relacionadas con la energía. GeneraciónEste segmento está constituido por el conjunto de empresas eléctricas propietarias de centrales generadoras de electricidad, la que es transmitida y distribuida a los consumidores finales. Este segmento se caracteriza por ser un mercado competitivo, con claras deseconomías de escala en los costos variables de operación y en el cual los precios tienden a reflejar el costo marginal de producción.

Transmisión
El sistema de transmisión corresponde al conjunto de líneas, subestaciones y equipos destinados al transporte de electricidad desde los puntos de producción (generadores) hasta los centros de consumo o distribución. En Chile se considera como transmisión a toda línea o subestación con un voltaje o tensión superior a 23.000 Volts. Por Ley, las tensiones menores se consideran como distribución. La transmisión es de libre acceso para los generadores, es decir, estos pueden imponer servidumbre de paso sobre la capacidad disponible de transmisión mediante el pago de peajes. El transmisor no tiene obligación de servicio, no siendo responsabilidad de éste el invertir en nuevas líneas o en ampliaciones de las mismas. En el sistema de transmisión se puede distinguir el sistema troncal (conjunto de líneas y subestaciones que configuran el mercado común) y los sistemas de subtransmisión (que son aquellos que permiten retirar la energía desde el sistema troncal hacia los distintos puntos de consumo locales).La coordinación de la operación de las centrales generadoras y las líneas de transmisión, es efectuada en cada sistema eléctrico por los Centros de Despacho Económico de Carga (CDEC). Estos organismos no poseen personalidad jurídica y están constituidos por las principales empresas generadoras y transmisoras de cada sistema eléctrico.Distribución Los sistemas de distribución están constituidos por las líneas, subestaciones y equipos que permiten prestar el servicio de distribuir la electricidad hasta los consumidores finales, localizados en cierta zona geográfica explícitamente limitada. Las empresas de distribución operan bajo un régimen de concesión de servicio publico de distribución, con obligación de servicio y con tarifas reguladas para el suministro a clientes regulados. Estas empresas operan en su zona de concesión sin que exista posibilidad de competencia, dado que son monopolios naturales.

Existen en Chile cuatro sistemas eléctricos interconectados. El Sistema Interconectado del Norte Grande (SING), que cubre el territorio comprendido entre las ciudades de Arica y Antofagasta con un 34,83% de la capacidad instalada en el país; el Sistema Interconectado Central (SIC), que se extiende entre las localidades de Taltal y Chiloé con un 64,33% de la capacidad instalada en el país; el Sistema de Aysén que atiende el consumo de la Región XI con un 0,22% de la capacidad; y el Sistema de Magallanes, que abastece la Región XII con un 0,62% de la capacidad instalada en el país.

jueves, 18 de septiembre de 2008

ORIGEN DE LA CRISIS DEL GAS EN CHILE

La historia de esta prolongada crisis se remonta al 2001, cuando Argentina vivió la más grave crisis económica que haya enfrentado nuestro continente, lo que llevó al Gobierno trasandino de la época a decretar un congelamiento de tarifas de los servicios básicos (entre ellos el gas), a fin de evitar un conflicto social a raíz del impacto que produciría la “pesificación” de valores que hasta ese año estaban expresadas en dólares.

Ello llevó a que las empresas argentinas dejaran de invertir, lo que limitó la capacidad de producción y de transporte en relación con la demanda de la población e industrias. Hoy, productores como Repsol-YPF, Total y Petrobrás aún negocian reajustes con la Casa Rosada.

Por ello nuestro país puede seguir siendo afectado a raíz de que el gas argentino es la principal fuente de suministro para generación eléctrica, si el Gobierno argentino no logra acuerdo con las empresas y éstas no retoman las inversiones que permitan aumentar la producción de gas natural, pues el origen del problema está en la política de precios en Argentina, al subsidiar un recurso escaso haciendo explotar la demanda interna y desincentivando las inversiones.

El 7 de julio de 1995, los gobiernos de Argentina y Chile suscribieron el Protocolo de Integración Gasífera y Suministro de Gas Natural, acuerdo que selló la integración energética entre ambos países. Argentina se convirtió, entonces, en el único proveedor de gas natural para nuestro país.

Este acuerdo definió un mercado común entre ambos países y estableció el “Principio de no discriminación”, en virtud del cual, ante situaciones de restricción o escasez del recurso, los Estados deberían mantener la proporcionalidad en el suministro de gas existente en condiciones normales. Este marco jurídico permitió que en nuestro país se construyeran gasoductos, centrales de generación eléctrica que funcionan en base a este combustible y redes de distribución, que permitieron llevar un combustible limpio y más barato a un número creciente de hogares, comercio e industrias, a partir de 1997. Estas inversiones superaron los US$ 5.500 millones.

Sin embargo, vulnerando los compromisos jurídicos internacionales asumidos por ambos Estados, las autoridades argentinas comenzaron a aplicar una serie de medidas administrativas y resoluciones diversas que, desde el año 2004 a la fecha, han restringido el suministro de gas hacia nuestro país, afectando particularmente al sector industrial y generadoras eléctricas.
El origen de esta situación se encuentra en el déficit energético que ha afectado al vecino país, que se resume en un fuerte incremento del consumo de gas natural frente a una oferta estancada. Esta situación fue el resultado de la política de congelamiento de precios implementada por el gobierno de argentino en 2002, que se tradujo en un precio del gas artificialmente bajo. Como consecuencia, aumentó la demanda por el combustible tanto para uso industrial, residencial (calefacción) como también para el transporte y desincentivó a las petroleras a invertir en mejores tecnologías y en exploración.

En resumen mis estimados amigos lectores, la solución de corto plazo al déficit pasa porque los Gobiernos de Chile y Argentina le den un paraguas político de integración y hermandad a la solución de carácter técnico. Es por ello que en las próximas semanas les seguiré comentando sobre esta importante situación interna y externa que vive nuestro país, ya que soy un convencido que los ciudadanos debemos estar bien informados sobre las políticas públicas que de algún u otro modo nos afecta al crecimiento económico, político y social.

PANORAMA GASÍFERO EN SUDAMERICA

Contar con un suministro de gas natural en América del Sur se ha convertido en una prioridad política de los gobiernos de la región. Sobre todo cuando las principales economías del Cono Sur: Argentina, Brasil y Chile crecen a ritmos acelerados de la mano de la estabilidad macroeconómica que gozan en la actualidad. Mientras países como Venezuela, Bolivia y Perú son exportadores netos de gas natural, otros son mayoritariamente importadores, como Chile. De ahí la convergencia entre productores y consumidores que intentan generar ambiciosos proyectos como el hoy en día menos probable Anillo Energético que pretende llevar gas peruano a cinco países- o el más ambicioso y reciente plan de interconexión energética denominado Gasoducto del Sur, impulsado por Venezuela y sus socios del MERCOSUR: Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, además de Bolivia.

Sin embargo, existen dudas sobre la viabilidad de la integración energética considerando los conflictos diplomáticos y discrepancias comerciales que la asolan. Argentina y Bolivia acordaron un mayor precio por el gas natural que la primera le compra a la nación altiplánica, y que ha buscado adaptar sus precios a la realidad internacional. Esto generará un aumento del precio del insumo que Argentina a su vez
vende a Chile, al que Bolivia se niega a proveer directamente mientras éste no acceda a su histórica demanda de acceso al mar. Brasil, Paraguay y Uruguay también deberán pagar más por el gas natural que compran a Bolivia y Argentina. El mercado del gas natural en esta zona se concentra en Argentina, ya que le corresponde el 80% de la demanda regional. Se prevé que a corto plazo esta situación cambiará a medida que avance la integración económica regional.

En la región existen cuatro cuencas gasíferas y se encuentran divididas entre Argentina (Austral, Neuquén y noroeste) y Bolivia en el departamento de Santa Cruz, sin descartarse la que está ubicada en la provincia peruana de Camisea. Cabe destacar que estas cuencas están lejos de los grandes centros de consumo: Buenos Aires, Santiago y Sao Paulo, lo que demandará grandes inversiones para lograr integrar a la región.

Es por ello mis amigos lectores que a continuación les presento algunas propuestas que creo que podrían mitigar esta crisis que no solo la afecta a nuestro país sino también a los países vecinos al nuestro:

La Comunidad Sudamericana de Naciones puede y debe formular e implementar un plan de integración energética de largo plazo que tenga como fin satisfacer los requerimientos de sus estructuras económicas, de modo que los aparatos productivos nacionales de la región tengan acceso a fuentes de energía abundantes y baratas, a los efectos de llevar a cabo un proceso de reindustrialización y avance científico-técnico autónomo en un contexto de Integración Regional Sudamericana (energética-industrial-tecnológica) que eleve las condiciones de vida de nuestros pueblos.

El sector energético es a la infraestructura material básica, el equivalente de la educación para la configuración cultural esencial. Ningún país será realmente soberano mientras no tenga asegurado el control y planificación irrestricta de estas áreas, pues la soberanía, en la práctica, se manifiesta en la elevación de las condiciones de vida del pueblo. Para tales efectos, es necesario concretar los proyectos PetroSur y Gas del Sur (en el marco de PetroAmérica, incluyendo en un sentido más amplio a Petrocaribe), construir redes de gasoductos y electroductos, refinerías y petroquímicas, compartir las riquezas gasíferas y petrolíferas de Venezuela y los recursos hídricos que abundan en gran parte de la región, socializar el conocimiento en materia de tecnología nuclear por parte de Argentina y Brasil, garantizar y declarar el acceso a la energía como un derecho humano y fijar los precios de combustibles y tarifas de gas y electricidad de acuerdo a los precios relativos de las economías locales.

Por otra parte, urge la necesidad de controlar la diversificación estratégica de los agentes económicos privados que operan en los mercados ampliados de la energía y castigar sus prácticas mafiosas, así como también prohibir la exportación de hidrocarburos y derivados en países con escaso desarrollo de sus mercados domésticos o cuando los horizontes de vida de sus respectivas reservas sean inferiores a los 15 años, limitar la dependencia económica, tecnológica y cultural con los países centrales, interrumpir los tratados de "libre comercio" promovidos por EE.UU. o por cualquier miembro del G-7, Rusia y China, hasta tanto sean beneficiosos para las partes involucradas, y rechazar los lineamientos propositivos de los organismos internacionales de crédito.

Amigos la próxima semana les comentare sobre el origen de la crisis del Gas en nuestro país y de cómo esta crisis afecta la economía y el crecimiento sustentable de nuestro país.

LA REALIDAD GASÍFERA EN CHILE

Estimados amigos lectores, tal como les comente en el articulo anterior la realidad energética no es solo un hecho casuístico e irrelevante que afecta al mundo, sino que es un tema que por largos años afecta a Sudamérica y en especial a nuestro país referente a la dependencia energética, es por ello que esta semana les comentare con la disposición gasífera que cuenta Chile a lo largo y ancho de su territorio.

En el caso de nuestro país, el principal abastecedor de gas natural es Argentina, con aproximadamente el 90%. El gas se trae principalmente desde los yacimientos ubicados en la provincia de Neuquén, donde existen diversos gasoductos que traspasan la cordillera para satisfacer nuestras demandas.

A continuación se describe la ubicación de todos los gasoductos nacionales y transandinos separando por cada zona del país (Norte-Centro-Sur):

· En la zona Norte, comienzan a operar en 1999 con el funcionamiento de dos gasoductos: Gas Atacama y Norandino, ubicados en la segunda región. Estos traen gas desde Argentina hasta centrales de ciclo combinado dentro del Sistema Interconectado del Norte Grande (SING) y para proyectos mineros de la zona.

Sin embargo, en el año 2000 entró en funcionamiento el gasoducto Tal-tal, que trae gas desde el gasoducto Gas Atacama hasta futuras centrales del norte, que entrarán en la red del Sistema Interconectado Central (SIC).

· La zona Centro, es abastecida por el gasoducto GasAndes, que trae gas desde la cuenca Neuquina hasta el sector de Santiago, suministrando principalmente a Metrogas y a tres centrales del SIC. La Quinta Región es abastecida desde el city gate de GasAndes por la empresa Electrogas S.A.

Para el caso de la zona centro-sur, Gasoductos del Pacífico inició el transporte de gas desde la cuenca Neuquina hasta la séptima región, en Octubre de 1999, para abastecer principalmente a empresas distribuidoras industriales y residenciales.

· En el caso de la zona Sur, ha habido proyectos de gasoductos desde 1961, cuando ENAP comienza a explotar algunos yacimientos en la zona de Magallanes. En el año 1971 se crea el primer gasoducto comercial del país: Posesión-Cabo Negro, para abastecer el consumo comercial y residencial de Punta Arenas y algunas instalaciones intermedias.

La próxima semana mis amigos les comentaré sobre la realidad gasífera que se refleja en Sudamérica, ya que creo firmemente que es necesario dar a conocer estos antecedentes que por medio de acuerdos internacionales nuestro país a firmado con los diversos países de la región y que de alguna manera se deben hacer presente al momento que nuestro país esta pasando por una de las crisis mas grandes en materia geopolítica y que sin duda afectan al capital mas desvalido y mas importante de todos, como lo es su gente.

MONOGRAFIA DE UNA CRISIS QUE AFECTA A CHILE

Que buena parte de la agenda de nuestro país esté relacionada con el tema energético no es casualidad, algunas situaciones como el suministro de gas natural argentino a Chile apuntan a lo que ya se perfila como una de las realidades geopolíticas dominantes de esta era y que se refleja con la creciente importancia de la variable energética en el escenario mundial.

A fines de los años 90, un asesor de la casa blanca, exponiendo ante el Centro de Estudios Internacionales Estratégicos en Washington, graficaba la creciente interdependencia energética de esta manera: “cuando un brasileño calienta su café en la mañana probablemente usa electricidad de una planta en Uruguay que funciona con gas natural de Argentina entregado por una empresa chilena y maneja a su trabajo en un automóvil que utiliza gasolina venezolana”.

De hecho el entorno regional es prueba fehaciente del peso de la energía como variable geopolítica. Por ejemplo, como explica José Rodríguez Elizondo en su obra “Las crisis energéticas en el gobierno de Lagos”, hasta el 2004 la tensión entre Chile y Bolivia se expresó en conflictos de carácter terrestre, marítimo o por aguas transfronterizas, pero tras el hallazgo de reservas de gas en ese país, su gobierno planteó el conflicto bajo la forma de un trueque: si Chile quería gas, debía devolver a Bolivia su cualidad marítima.

Hechos posteriores como el fallido proyecto de sacar gas boliviano al Pacífico vía puerto chileno (lo trajo consigo roces con el Perú), el contrato de “ni una molécula de gas para Chile” y las dificultades de carácter diplomático con Argentina por su política gasífera dan cuenta de cómo la energía a cobrado importancia como variable geopolítica para nuestro país.

El precio del petróleo ha posibilitado que Venezuela utilice el hidrocarburo como parte de su arsenal diplomático, mientras que el consumo de gas entre Argentina y Brasil determina su relación como productores siguiendo el ejemplo de Perú o Bolivia (cuyo gobierno hace poco tiempo acaba de nacionalizar los hidrocarburos).

Varios factores explican el creciente peso geopolítico de la energía a nivel mundial. Un factor clave es la economía China, que depende de un suministro energético estable y cada vez mayor, lo que, a su vez, presiona las condiciones del mercado global. La política internacional de Beijing sólo tiene dos ejes: recobrar la soberanía sobre Taiwán y asegurarse abastecimiento energético confiable. El interés no es sólo económico, ya que si decae el crecimiento, aumenta la insatisfacción social y las tensiones políticas. En Europa, Rusia utiliza su calidad de gran proveedor de gas y en enero cortó el suministro a Ucrania como medida de presión; Beijing y Tokio, a menudo se disputan la propiedad de campos gasíferos bajo el mar de China; la intención de India de construir un gasoducto desde Irán molesta a EE.UU. y complica la posición de Pakistán, por donde eventualmente pasaría; mientras que Asia y las reservas del Mar Caspio son un botín por el que compiten todas las grandes potencias.

En este contexto internacional de fuerte competencia por los recursos energéticos, un país pequeño no debe cerrarse a ninguna alternativa. En suma, todo apunta a que la energía será un área crecientemente gravitante y compleja de cualquier política de relaciones exteriores, es por ello mis amigos lectores que en las próximas semanas les quiero comentar sobre esta trascendental instancia que vive nuestro país relacionada a esta materia y de los recursos que dispone nuestro país tanto en su propio territorio como en los países de la región de tal manera de que esta crisis no afecte a su capital humano que sin duda es el recurso sustentable mas importante de cada nación.